Surcando los cielos infinitos, allí donde las corrientes de viento se tornan ríos invisibles, navegan los Hydrovelan. Sus flotillas de dirigibles y navíos celestes, impulsados por turbinas de hidrógeno, son ciudades errantes que beben de las nubes y cultivan en terrazas suspendidas. Han perfeccionado los materiales compuestos y el arte del textil: velas inteligentes que cambian con el viento, lonas que capturan humedad, tejidos conductores de energía y señales. Descendientes de diseñadores, ingenieros, artesanos y poetas, renunciaron a las guerras de tierra para abrazar la libertad absoluta del aire. Su sociedad es un tejido de clanes móviles, cada uno con sus códigos, sus canciones y sus secretos técnicos. Para ellos, el movimiento es vida, la exploración es deber y la adaptabilidad, virtud.
