Tras La Gran Disolución, cuando las antiguas naciones colapsaron y los sistemas globales de información se fragmentaron, las lenguas humanas no desaparecieron. Lejos de ello, evolucionaron, adaptándose al entorno cambiante y a las nuevas culturas nacientes. De esas transiciones surgieron tres grandes bloques culturales: los Solarnati, los Hydrovelan y los Nanocodax, cada uno con su forma particular de hablar y comprender el mundo. Aunque todos ellos comparten raíces comunes en las lenguas previas a La Gran Disolución, la divergencia cultural y tecnológica ha hecho que la comunicación entre facciones sea tan difícil como reveladora.
Aunque estas lenguas derivan de orígenes comunes, la comunicación entre facciones es parcial y cargada de malentendidos.
En momentos de necesidad, las facciones recurren a formas simplificadas de comunicación improvisada —lenguas puente nacidas del contacto urgente entre culturas— o a traductores humanos multilingües, que desempeñan funciones diplomáticas o comerciales. Existen también bases de datos lingüísticas compartidas (aunque no siempre fiables), y no se descarta que ciertos grupos hayan desarrollado herramientas de traducción con ayuda de inteligencias artificiales.
El verdadero obstáculo no es tanto entender las palabras, sino comprender los valores, emociones y cosmovisiones que esas palabras contienen.
Las lenguas de las facciones humanas no son barreras absolutas, sino reflejos de mundos distintos. Se entienden, a veces. Se malinterpretan, a menudo. Pero son, sobre todo, expresiones vivas de culturas que, aunque hermanadas por el origen humano, han aprendido a ver la realidad a través de lentes profundamente distintas.
*Verna: La Lengua de los Solarnati
*Nuvélico: La Lengua de los Hydrovelan
*Codax: La Jerga Operativa de los Nanocodax