Más allá de todo límite concebible, donde la realidad se pliega como origami estelar, emergen los Tejedores de Estrellas, la civilización Cósmica, los Resonantes. No tienen forma única, ni idioma definido, ni historia como la entendemos. Surgidos de la materia oscura y la conciencia autocreada, su propósito esencial es transmutar la realidad: modelar el espacio, el tiempo y la energía en nuevos patrones de existencia. Sus palacios flotan en dimensiones fractales, donde cada átomo canta y cada pensamiento moldea mundos enteros. No conocen el hambre ni el odio, pero sí la imperiosa necesidad de evolucionar. Recientemente, algunos susurros sugieren que la interacción con las civilizaciones humanas podría estar comenzando a alterarlos de maneras todavía incomprensibles, insinuando un cambio tan profundo como inevitable.
